Aunque en la actualidad la cifra de desempleados no cesa de crecer y las personas que pueden presumir de tener un trabajo más o menos estable son una minoría existe un punto en el que todos ellos coinciden o deberían hacerlo. Se trata de la formación permanente, un concepto que hace referencia al proceso de aprendizaje profesional que una persona realiza desde que se inicia en el mundo laboral hasta que decide o le exigen jubilarse.
El objetivo de la mencionada formación continua, a lo largo de todo nuestro ejercicio profesional, no es otro que lograr una constante renovación en la manera de trabajar, siempre adecuada a la realidad social del momento en que vivimos. De esta manera, lograremos mantener activa nuestra mente – que siempre tiene efectos positivos en la salud – y aumentar nuestros conocimientos y habilidades, que nunca ocupan lugar.
Para lograrlo, tanto el Gobierno central, como los ejecutivos autonómicos y otras entidades públicas y privadas trabajan día a día para aumentar la oferta educativa en todos los sentidos y para todos los españoles y residentes en nuestro país. La Universidad y los Institutos de Formación Profesional son algunas de las opciones más conocidas, pero también existen todo tipo de cursos que, aunque una buena parte de la población consideran únicamente para desempleados, lo cierto es que también están dirigidas a personas en activo.
Entre los cursos presenciales, que de momento continúan siendo los más demandados, cabe destacar los orientados a oficios – panadería, soldadura, fontanería… – o a las nuevas tecnologías –informática, diseño web, software específico como photoshop o illustrator…–. La mayoría de ellos son homologados y gratuitos, aparecen en la web de cada comunidad autónoma y lo más habitual es que haya que solicitarlos en una oficina del Inem.
Además, los ayuntamientos también tienen la posibilidad de organizar cursos con subvenciones regionales. Uno de los casos más conocidos es el de las regiones con lengua propia, como Cataluña, Galicia o el País Vasco, donde el consistorio suele ofrecer cursos gratuitos de catalán, gallego o euskera.
Otra de las ventajas de la formación permanente es que en todos los casos el alumno suele tener la posibilidad de solicitar tres tipos de ayuda: por transporte, si el lugar en que se imparte el curso dista de su domicilio más de diez kilómetros, por tener cargas familiares o por sufrir algún tipo de minusvalía.



