Según un estudio andaluz

 

doble discriminación

laregion.es

En estos días ha visto la luz un estudio titulado ‘Autodiagnóstico de la Situación de las Mujeres con Discapacidad en Andalucía’, que pone de manifiesto la escasa presencia de la mujer andaluza en el mercado laboral, siempre en términos de discapacidad.

Debería de extrañarme, pero la verdad es que ya no me extraña nada estas cifras que se dan y es que la mujer con discapacidad tiene que luchar el doble para hacerse un hueco en la sociedad. La doble discriminación existe y en muchos casos es la causa de que las mujeres con alguna diversidad no sean contratadas. Tienen, tenemos que demostrar nuestra valía como féminas, demostrar que podemos rendir y que tenemos la misma capacidad que un hombre, pero además, tenemos que hacer ver que nuestra discapacidad no es un problema añadido.

El estudio, concretamente, dice que dos de cada diez de estas mujeres están insertas en el mercado laboral, por lo que el 78 por ciento de las mujeres en esta situación no posee empleo y además, el 41% de ellas ni siquiera están inscritas como demandantes, lo que me lleva a pensar que casi la mitad ha tirado ya la toalla y prefieren quedarse en casa y buscar actividades de ocio que luchar por un empleo.

Otro dato más es que el 74% de estas mujeres tienen unos pequeños ingresos mensuales, ya sea por una pensión o por algún trabajo puntual – inferior siempre al SMI-, pero son pocas las que tienen o les han dado la independencia y la oportunidad de gestionar su patrimonio, siendo la pareja o la familia las que se encargan de esta tarea.

Aparte del empleo, el estudio aporta datos muy significativos en múltiples cuestiones como, por ejemplo, la accesibilidad, la participación social y la valoración de su tiempo de ocio, su autopercepción, el grado formación, la salud, la sexualidad o la vida en pareja, la maternidad o la violencia.

La conclusión personal mía es que las mujeres con discapacidad están relegadas y para ellas no ha pasado el tiempo, no ha evolucionado la sociedad y se las trata como si fueran niñas sin posibilidad de crecer, de trabajar, de amar y de mil temas más.

Por último, tan sólo 3 de cada 10 mujeres viven en un entorno accesible y eso lastra sus posibilidades de salir y mata las ganas de luchar y buscar una vida propia.

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